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El verdadero sonido de Europa

[Como buen caballero de etiqueta, o que la quiera mostrar, empezaré por excusar mi retraso. Pero son sólo 24 horas, y sea bienvenida la espera si es bueno lo que uno se lleva a la boca ( a los ojos)…Y aquí llega para probarlo David F. Grande, quien se atreve a jugar en la peligrosa quiniela de elegir al representante de la música en Europa. Y sabe de lo que habla, pues como corresponsal de la Gaceta de los Negocios en Bruselas sabe de que pie cojea nuestro torpe ‘Frankenstein’ comunitario; y como músico es capaz de quedarse con las notas que marcan la diferencia entre uno, su elegido, y los demás…Pues nada, que aproveche…]

Mehldau: un europeo de Connecticut

Europa es un paraíso freudiano. Una histórica pulsión de conquista y vasallaje tamizada por una armonía quebradiza con sabor a posguerra que se llama Unión Europea. Un frankenstein construido a retazos improvisados de neoliberalismo y socialdemocracia. Una oportunidad laboral perdida que espera a la vuelta de la esquina Un amasijo imposible de culturas, complejos y esperanzas, a punto de estallar como un cóctel molotov en manos de un macarra del extrarradio parisino. O como una Unión Europea en manos de un megalómano desquiciado como Vaclav Klaus.

“¿A cuento de qué este delirio?”, me pregunta lo poco que me queda de pudor. Respuesta: balbuceos propios de defender que un pianista jazz crecido en Connecticut puede encarnar a Europa tanto o más que cualquier otro músico continental. Sí, Brad Mehldau poco o nada tiene que ver con la chanson française, el britpop, la música folclórica continental u otros productos de corte europeo. Me consuela pensar que la ciudadanía cultural es infinitamente más rica y compleja que lo que marcan las estrechas fronteras geopolíticas y administrativas (¿hay muchos cineastas más europeos que Woody Allen?).

Bien. Pongamos por ejemplo la versión del tema de Radiohead ‘Exit Music (for a film)’, marcado por un ‘crescendo’ con sabor a proceso de construcción europea. Como anécdota proto-comunitaria, la nacionalidad de los homenajeados (tan británicos y tan ‘smarties’ ellos). Otra pista -y ésta sí es importante-, la clarísima impronta de la música ‘clásica’ europea en el enfoque pianístico de Mehldau. Esta influencia se adivina tras sus cabriolas armónicas, sus ‘voicings’ (‘grosso modo’, disposición de los acordes para subrayar una de sus notas), sus caleidoscópicas melodías que se entrecruzan, se rechazan y se superponen como en una fuga, su recurso a sus dos manos para envenenar una frase que en un principio pudiera parecer inofensiva (mientras que buena parte de los jazzistas ‘mainstream’ utilizarían su mano izquierda para marcar los acordes de la canción mientras la derecha se enfanga sola en la improvisación melódica), su obsesión por los ‘ostinatos’ (frase o nota que se repite continuamente) que comparte, por ejemplo, con la música europea del romanticismo, además de un largísimo etcétera.

Si ha logrado sobrevivir al párrafo anterior, quizás no esté de más mencionar que Mehldau está casado con una cantante belga –flamenca, para más ‘inri’- y que en sus visitas a este país suele salirse por peteneras hablando en neerlandés. Pero sobre todo, considero infinitamente europea su capacidad de encaje de la diversidad en una unidad superior, como Europa. Supuesto representante de ese cajón de sastre que se vino a llamar ‘new jazz’, y que de nuevo ya tiene poco, reúne con gallardía lo mejor de la música europea y lo mejor de la música norteamericana, de la música de postín y de la música callejera… con todo lo que las une y todo lo que las separa.

(Y si no aceptan ‘pulpo’ como animal doméstico, ni ‘Mehldau’ como embajador cultural europeo, pinchen en ‘youtube’ alguna canción de Esbjörn Svensson Trio. Como ‘When God created the coffee break’ o ‘Tuesday Wonderland’, por ejemplo. A continuación, apliquen la charlatanería precedente a este enorme trío sueco, trágicamente frustrado por la muerte del propio Svensson).

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La UE, ¿sobrevive a las tormentas?

Ésta es la primera ilustración del blog. Y como hay que empezar con lo mejor del arsenal, aquí va el trabajo de Eduardo del Pozo, uno de los ilustradores más prometedores a este lado del Mississipi europeo (es decir, el Ebro). Con ya una importante carrera a sus espaldas en su región, y querido por todas las agencias de su entorno, no tardará en dar el salto a alguna agencia internacional, si no es que decide continuar su labor sin la presión de malos jefes y peores horarios. Ésta es su explicación sobre la ilustración: “La Unión Europea, para mí, todavía no está consolidada, y cuando llegan tiempos dificiles no tarda en caminar cabizbaja. Para lo único que se han molestado es para el tema del euro. Yo me siento Europeo de continente, pero no tengo nada que ver con un inglés, un francés, o un  turco (si entran!)”.
EU_APESTA_BAJA

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EEUU y Europa, las dos caras de la publicidad

Para muchos eurócratas, la razón del desinterés de la ciudadanía por la UE viene de que Bruselas no se vende bien. De manera más general, en el post invitado de hoy, David Martín, creativo de Ogilvy (Nueva York) nos explica las diferencias entre la publicidad que se hace en EEUU y la que vemos en Europa. Un contraste que explica a través del cine. (Ir a la pestaña Versión Original para ver el texto en inglés)

Para gran parte de la gente, la publicidad es simplemente “la actividad de atraer la atención del público hacia un producto o negocio, a través de anuncios pagados en la prensa, en la televisión u otros soportes digitales”. Para la mayoría de los creativos, esta definición carece de algo importante: las implicaciones artísticas de crear un anuncio. Los creativos sólo celebran aquellos anuncios que son capaces de vender un producto de una manera artística. Podría ser a través de una coletilla brillante, de un golpe visual, de una broma sarcástica o de una bella metáfora. La publicidad se ha convertido en el arte de vender. Y como en cualquier arte, o artesanía, existen diferentes maneras de acometerlo. Mi experiencia me ha mostrado que la cultura de un país, y su nivel de educación, marcaran el tipo de publicidad a la que estará expuesta su población. Después de varios años de trabajo en agencias en EEUU y Europa me he dado cuenta de que la publicidad europea es bastante parecida al cine europeo.

Los buenos anuncios del Viejo Continente buscan hacer pensar a los consumidores. Tratan a los compradores como sujetos inteligentes y educados a los que quiere retar, ya sea con metáforas, sarcasmos u otros recursos. Por otra parte, la publicidad norteamericana está dirigida a las masas. Se dirige a los consumidores como si solo entendieran lo más básico. Para comprender la diferencia entre las dos orillas del océano en el campo publicitario, todo lo que debes hacer es comparar los trailers de los próximos estrenos. Para conseguir captar a los americanos para que vayan al cine tienes que explicar la totalidad de la película en el trailer. Tanto, que en ocasiones no merece la pena ni pagar por la película tras ver el anuncio. En Europa, sólo te dan toques para dejarte con un sabor de la película, sin desvelarte las mejores partes. Quieren estimular tu cerebro y crear interés. En EEUU estimulan tus ojos y generan interés mostrando las partes reveladoras de la película.

Al final se trata del nivel de educación de tu audiencia. La publicidad europea, en la mayoría de los casos, vende el producto, pero quiere hacer pensar al consumidor. Por contra, los anuncios americanos son, por lo general, una bofetada en la cara. En lugar de una broma inteligente, humor sin matices de retrete. Los americanos se defienden diciendo que está probado que funciona, que las compañías venden. La respuesta es sí, desde luego venden. Pero, como dije antes, la publicidad es un arte, y como todo arte, al menos, intenta elevar los estándares culturales de una sociedad. Al no desafiar a las mentes de sus audiencias, los publicistas americanos dan por bueno que la educación de sus ciudadanos no es lo suficientemente buena. Pero si hay algo que gusta a los estadounidenses es un buen desafío. Ofrece a la gente la oportunidad de que pueden reaccionar a los anuncios inteligentes, y te digo que lo harán. Pero todo tiene que empezar desde arriba, con los creativos queriendo marcar la diferencia.

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