La otra manera

Se ha convertido en una de las expresiones más populares en este año que cerramos. “Ésta es la única manera” han repetido con éstas, o palabras similares, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la canciller Angela Merkel, y otros tantos sospechosos habituales de la jerarquía europea al justificar el jarabe de palo contra la dura recesión económica.

Cerramos el año, y nos preparamos para recibir un 2014 en el que poco  (o nada) mejorarán las cosas, con la política reducida a la aplicación de modelos simples a problemas demasiado complejos. Las acciones de nuestros dirigentes, que no líderes, han quedado rodeadas de un halo de inevitabilidad que les exculpa de toda responsabilidad, y deja a los ciudadanos como resignados mártires sin animo para esperar lo mejor, ni energía para prepararse para lo peor.

Es lo que el catedrático de Economía política de Harvard, Dani Rodrik, explica con la metáfora de los erizos y los zorros.  Los primeros tienen una idea central y ven el mundo exclusivamente  a través del prisma de esa idea. Existe una sola respuesta verdadera que encaja en todo momento y en toda circunstancia. Por el contrario, los zorros sienten que la complejidad del mundo impide las generalizaciones, creen que los detalles son vitales.

Gran parte de los males hoy en Europa, con sus secuelas económicas, políticas y sociales, se deben a que estamos gobernados por erizos. La salida de la crisis en el Viejo Continente ha estado dirigida bajo la premisa central de que la aplicación escrupulosa de medidas de ajuste, privatizaciones y reformas liberalizadores recuperaría la confianza de los inversores, los famosos “mercados”. Nada nuevo bajo el sol, ya que es la fórmula bien conocida del FMI, aplicada al dedillo en Grecia, Irlanda y Portugal, y que ya fracasó estrepitosamente previamente en Latinoamérica y en el sudeste asiático. A pesar de ello, algunos portavoces del pensamiento económico único, como el alemán Klaus Regling, director del Mecanismo de Estabilidad Europeo, no sólo dicen que ésta es la receta “imprescindible” para salir de la recesión, sino que se apuntan la pujanza actual del Cono Sur y el sudeste asiático a cuenta de sus miopes intervenciones pasadas.

Y así los que están al timón gastan su tiempo reescribiendo el pasado con malabarismos dialécticos, y buscando casos de éxito para apuntalar su narrativa monolítica presente, con la que explican las medidas tomadas y la estrategia de crecimiento para el año que viene. Y lo que nos espera es más de lo mismo: ajustes, o en la jerga institucional “disciplina fiscal”, y liberalización de sectores, privatizaciones y más flexibilidad laboral, es decir, las famosas reformas estructurales.

El problema es que nadie se cree que esta receta funcionó en el pasado; los casos de éxito que se apuntan hoy, como Irlanda y España por haber concluido sus programas de rescate, tienen más sombras que luces; y Europa encara un periodo largo de bajo crecimiento, o incluso un estancamiento a la japonesa.

Pero existe otra manera. Existe otro camino para rescatar a los países, para encarar la recesión, y para relanzar el crecimiento en la UE. Prestigiosos laboratorios de ideas como Bruegel, o dirigentes de países “periféricos”, como el italiano Enrico Letta defienden una agenda diferente, con una apuesta por el crecimiento digna de tal nombre que no se limite a conclusiones huecas de cumbres europeas.

Gran parte de lo que pase de aquí a Mayo de 2014, cuando se celebren las elecciones europeas, acontecimiento central del próximo año, tendrá que ver con este choque de narrativas entre los erizos y los zorros europeos. Un enfrentamiento entre los dominantes talibanes de la austeridad y los que defienden otra estrategia. Es decir, que la moderación fiscal debe de ir acompañada de una reforma (que no recorte) el Estado del Bienestar para potenciar el capital humano europeo, nuestro recurso más valioso, en un mundo que ya no espera a nadie.

El año que dejamos atrás prueba que, precisamente aquellos que dejaron huella, son los que dieron un paso al frente para probar que hay otra manera de hacer las cosas. Las revelaciones de Edward Snowden han obligado a la superpotencia estadounidense a replantearse cómo ejerce el papel de sheriff mundial. El presidente de Uruguay, Enrique Mújica, convirtió a su país en el primer Estado en legalizar y controlar el cultivo, comercialización y consumo de marihuana. El país, encumbrado hasta lo más alto por el semanario The Economist, ha abierto así la puerta a una nueva manera de encarar el problema de las drogas en el planeta, tras décadas de una estrategia fallida que trataba un problema de salud pública con represión y armas, violencia y muerte.

Por último, el Papa Francisco se ha convertido para un gran número de medios de todo el mundo, como la revista Time, en el personaje del año. Sus palabras y sus primeras medidas han ventilado la institución más conservadora y dogmática de Occidente, bunkerizada en los últimos años por la pila de escándalos que roían sus pilares. Su liderazgo transformador además sugiere que cambios más profundos están por llegar en esta Iglesia de los pobres que defiende.

En el año que estamos a punto de estrenar Europa será terreno de enfrentamiento entre aquellos para quienes la política es simple trasmisión decisiones ya tomadas, y los que son conscientes que tomar decisiones políticas implica consensuar soluciones optimas, con medios escasos, en un entorno lleno de incertidumbre. Será un año rácano en celebraciones, pero el 2013 nos ha dejado un legado esperanzador: el tributo llega para los que lo intentan de otra manera. Feliz año a todos.

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