El año de la indignación

La casualidad, y la ONU, premiaron hace tiempo a este 2011 con el título del año de la Juventud. Y parece ser que, por primera vez, la letra de una burocrática elección encaja con el espíritu de lo que pasa en la calle en ambas orillas del Mediterráneo. Aunque con obvias diferencias, los jóvenes de aquí y de allí nos hemos alzado contra enemigos más poderosos por nuestro futuro. Los compañeros árabes tuvieron que mantener su grito de protesta contra los bombardeos de aviones, los cañonazos de tanques y las ráfagas de ametralladora, mientras en el lado europeo, y sobre todo en el español, nos hemos levantado contra enemigos que utilizan munición más correosa. La inercia de una clase política que no escucha sino sólo clasifica (o descalifica) como “antisistema” todo lo que propone una mejora de “su” sistema; contra el procedimentalismo administrativo que impide acampar para pedir un voto “responsable”, y permite aglomeraciones nocturnas para ver a un imberbe adolescente. Pero también contra nosotros mismos, contra la pereza y la apatía por pensar que mis gestos de hoy no cambiarán lo que me pase mañana, que mis pataletas harán un ruido que pronto se olvidará.

Tras la primera protesta de fogueo de los compañeros de Juventud sin Futuro, las concentraciones del 15 M han probado ser una bala directa contra la partitocracia. Nuestra generación, la mejor preparada de la historia, pero también la primera que corre el riesgo de vivir peor que nuestros antecesores, parece haberse dado cuenta que está viva. Que no es sólo la generación de Naranjito, del botellón o la ESO, sino la que planteó la pelea más complicada de todas las posibles: contra nosotros mismos. Seremos la generación del intentar llegar a ser, siempre probando, intentando, fallando, pero volviéndolo a intentar… Y siempre ganando un poco que, aunque no sea perfecto, será preferible. Es el derecho y el deber de nuestra generación a luchar, como otros lo hicieron, y otros lo intentarán.

Puede que nuestra indignación, nuestra imaginación y nuestra iniciativa no sea suficiente para lograr hoy lo que queremos. Pero si mantiene el aliento, la batalla de unos pocos terminará siendo la guerra de todos. Y así la victoria está asegurada. Feliz año de la Juventud.

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