El espíritu navideño (o esa cosa con plumas)

Las vacaciones tienen algo de divinas, aunque sólo sea por su ubicuidad: llegan para todos (o casi) y en todas partes. Por eso, nosotros también haremos un paréntesis y dejaremos que el gaznate se alimente de otras papillas que no sean las europeas antes de que llegue el empacho de la presidencia española. Incluso si de lo que vamos a hablar puede ser algo que empalague tanto, o incluso más, que un atracón de polvorones: el espíritu navideño.

O cuento con la buena ventura de Rudolph y todos los enanos de Santa Claus o mi ángel de la guarda está especialmente sensiblero por estas fechas, porque durante los últimos días me he convertido en una diana con patas de generosas compañías y buenas obras.

Los primeros coqueteos comenzaron en Estocolmo, el fin de semana pasado. Hasta allí viajé para escribir sobre cómo ha impactado la presidencia sueca de la UE en la vida diaria de sus ciudadanos. Si los españoles lo vamos a sufrir durante seis meses, y llevamos tanto tiempo escuchando sobre las obras y milagros que haremos en Europa, nada mejor que ver hasta qué punto había afectado a los suecos estar al frente de Europa, con todas las salvedades de la comparación.

Más allá de la buena disponibilidad de todas las personas a las que entrevisté para el reportaje, uno se quedó off side por la calidez de los suecos. Aparte de sus muebles, ya me había aprovechado se su amable eficacia para conseguir las entrevistas con su primer ministro, Fredrik Reinfeldt, y su ministro de Exteriores, Carl Bildt.

Y lo que allí me encontré fue la confirmación de la regla. Llegué a Estocolmo sin casa ni hotel, sin haber leído una línea sobre la ciudad y tan sólo habiendo planeado los encuentros para el reportaje. Pero gracias a la página de Couchsurfing, una red social de viajeros que se ofrecen para acoger y enseñar la ciudad, Lindha, una enfermera, y Anastasia, una periodista, se repartieron mi alojamiento mis cuatro noches, Theresa y Robert me invitaron a disfrutar de un manjar navideño en su casa mientras él tocaba Paint it black; y Maria José y Alma, madres coraje, una española y otra mitad apache mitad comanche, me adoctrinaron en el arte de beber en un hotel de etiqueta sin pagar las copas, y me enseñaron las vistas de Estocolmo vestido por la nieve a 17 grados bajo cero. E incluso hubo lugar para lo inesperado como el encuentro con Mía, una guía del Museo Nacional de Pintura, a la que conocí visitando la pinacoteca y que me condujo, una vez que terminó de trabajar, por la Ciudad Vieja mientras me contó la historia del Palacio Real.

Me despedí de Estocolmo con el pecho hinchado de buenos deseos (es un decir), aunque también necesité la ayuda de otra pareja y un turista que me cedieron sus turnos para no perder el último autobús para llegar a tiempo al aeropuerto desde la ciudad.

Tanto candor en el cuerpo, que podría derrochar para escribir una decena de guiones de Disney, me había llenado la vejiga, por lo que cuando llegué a Bruselas paré en un bar cercano a la estación antes de dirigirme a casa. Y sin monedas para pagar el café que había pedido como salvoconducto para volar al urinario, de nuevo el espíritu hizo de las suyas y la bella (y ojerosa) damisela de la barra me invitó al expresso.

Qué alegría y que alboroto masticar todo este buen rollo, que regurgitaba mientras paseaba por el mercado navideño de la Grand Place horas más tarde ya casi de noche. Pero no sólo de buena voluntad vive el hombre, y unas salchichas caseras de uno de los puestos me abrieron el apetito. Compré unos cuantos gramos (más bien cientos), pero de nuevo las monedas se quedaron escasas y, como en el café de la mañana, las tarjetas no eran bienvenidas. Y ya que no hay sitio para el apuro en Navidad, el tendero cedió y me fui con mis salchichas a mitad de precio a casa y con mi ángel sensiblero (esa cosa con plumas, que diría Woody Allen) agotado después de tanto trabajo.

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1 comentario

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Una respuesta a “El espíritu navideño (o esa cosa con plumas)

  1. Vamos, que te aprovechaste de la candidez de sus habitantes con las malas artes de nuestra tierra.

    Muy spanish todo XD

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