Qué noche la de aquel día

Si pensaban que ya habían leído todos los artículos, editoriales, columnas y reportajes sobre el muro de Berlín, el final del comunismo, la conmemoración de la caída y hasta la ropa interior que llevaban aquel día de 1989 los líderes, pues aquí les traigo uno más, por eso de que no hay muerte más dulce que la del empacho de golosinas. Prometo que será el último, al menos hasta dentro de tres décadas (porque habrá que recordar el medio siglo de la caída de The Wall, aunque puede que entonces igual estemos celebrando la caída de Wall Street).

Así que les contaré una de indios y vaqueros, bueno, en este caso, una de aliados y comunistas. Porque si la mayoría se dedicó a brindar con cubatazos de vodka con trozos de muro aquella noche en Berlín, como nos dijo Anne McElvoy, hubo algunos otros que estuvieron bastante nerviosos en la silla con el dedo en el gatillo. Al mando de todos ellos, estaba John Galvin, hoy un abuelete que ahora seguramente se dedicará a cuidar su jardín y a jugar con sus nietos. Pero aquella noche era nada menos que el general estadounidense al cargo del mando militar de la OTAN. “En mis cuarteles generales éramos conscientes de que existía la posibilidad de que algo pasara en Berlín”, nos cuenta desde EEUU.

Puede que la tensión no fuera tan grande como en un show de Ángel Cristo, pero los pelos de la tropa en general estaban como escarpias por el ambiente que se respiraba. “El secretario general de la Alianza nos dijo a los militares que evitáramos cualquier movimiento inusual por parte de cualquier fuerza aliada. Dijimos a todas nuestras tropas que todo debía seguir como si nada sucediera”.

Pero el equilibrio político europeo se estaba derritiendo como un cubito, y el deshielo de Moscú podría haber dejado a alguno algo más que mojado. “Nuestra principal preocupación era la pregunta de cómo reaccionaría el contingente soviético en Berlín si había un intento de cruzar el muro por parte de los ciudadanos”, cuenta Galvin. “Estábamos bastante seguros de que las tropas de la Alemania del Este seguirían la acción de las soviéticas”, añade.

Y todos sabemos, gracias a Steven Seagal, que lo que empieza con cuatro tiros termina, en una sala bastante oscura, con tipos con la cara muy seria decidiendo cuántas cabezas nucleares se deben disparar. “Como en los años del bloqueo de Berlín, estuvimos preparados para tomar cualquier acción que los líderes políticos decidieran para reaccionar”.

Las horas pasaron, la gente se agolpó en el muro y ese momento que seguramente fue el más tenso de la guerra fría (junto con el de los “coheticos” cubanos, que hoy diría Chávez), se convirtió también en el último. “Los militares nos sentimos calmados cuando quedó claro que no habría batalla en la ciudad”, recuerda el general retirado.

Al final las armas durmieron en los cuarteles y lo único que salieron fueron los picos y las excavadoras. “Gorvachov tomó la decisión correcta, y todos alrededor del mundo le aplaudimos”.

 

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Post propios

Una respuesta a “Qué noche la de aquel día

  1. Bob

    Yo creo que la clave estuvo en la decisiva actuación de Sarkosy…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s