El circo italiano

La democracia es una señorona oronda, dispuesta a mecer entre sus cálidas pechugas a todo quisqui. Su generosidad, a veces convertida en irreflexiva condescendencia, permite pasar algún que otro bandarra político a su casa parlamentaria, para dejarle sus principios patas arriba.

En el Parlamento Europeo, donde son ciento y la madre, (en concreto 751 diputados de veintisiete países), cada uno con sus egos y aspiraciones, el porcentaje de encontrar alguna oveja negra o, peor aún, con la cabeza esquilada, es más alto. En las últimas elecciones entraron unos cuantos euroescépticos o, directamente, antieuropeos que, como los virus de la Vida es así, solo esperan la ocasión más propicia para meterse en las entrañas del sistema y provocar el mayor daño posible.

Pero no todos los díscolos muestran la misma virulencia y algunos, por lo disparatado de sus tropelías, hasta dejan una sonrisa. La comicidad resulta más propicia si viene acompañada de gestos italianos. Por eso, el circo que preparó el eurodiputado Crescenzio Rivellini, estuvo a la altura de las expectativas.

Por cosas de la vida, o del peso de la delegación italiana dentro del grupo conservador, el amigo Rivellini ha conseguido convertirse en el presidente de la importante representación de la Eurocámara para China. Sin embargo a Rivellini, que pertenece al partido de Silvio Berlusconi, parece que poco le importa China, y menos las relaciones con Europa. Y durante la rueda de prensa, en la que se suponía que nos iba a informar sobre las prioridades y los desafíos de su delegación, se dedicó a promocionar durante diez minutos su ciudad natal: Nápoles (de dónde si no). Más aún, pretende cambiar los procedimientos parlamentarios para organizar en su vecindario la visita de la delegación china, que debería ser recibida en Bruselas.

Rivellini no sólo se preocupa poco de su nuevo cometido, sino también por las siglas del partido europeo que le acoge (y permitió la organización de la inesperada promoción de Nápoles). Por eso, en cuanto los fotógrafos terminaron su trabajo, y dejaron constancia de las siglas para la prensa, retiró las banderolas del PPE para que no le quitaran esplendor a su circo de tres pistas.

Esta salida al monte no es la única que organizan los esbirros de Berlusconi, que en Bruselas destacan por su asilvestramiento o por resultar imprevisibles. El hombre que eligió para comisario, Antonio Tajani, tiene el record de convocar el mayor número de ruedas de prensa (hasta tres por semana), en las que se esconde más la necesidad de figurar ante los plumillas que la de comunicar algo de contenido. No es extraño que la reacción de los periodistas vaya desde los apodos que ya le han colocado, “bocarifle”  (como le ha bautizado el compañero de RNE), hasta la virulenta indignación de un colega senegalés. “¿Para qué nos convoca tantas veces? Se debería preocupar más de los inmigrantes a los que su jefe da la patada en alta mar frente a las costas de su país?”, me dijo con una expresión parecida a la de Samuel L. Jackson cuando disparaba a mansalva en Pulp Fiction.

Y si es que la calidad personal de uno se puede medir por su círculo de amigos, mucho se puede adivinar también detrás de los soldados a los que uno arenga. Así que, ¿por qué sorprenderse de que estos sean los huevos que han salido del gallinero del ingenioso de Silvio? ¿Qué esperar del hombre que no pierde oportunidad para sacar el bombo y los platillos para venderse en su duopolio televisivo, en sus periódicos o editoriales?

Como decía resignado un periodista italiano tras la parafernalia de Rivellini “esto es Italia, estamos acostumbrados”.

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1 comentario

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Una respuesta a “El circo italiano

  1. Bob

    ¡Pues qué quieres que te diga del circo español! Ya no es sólo la inepcia de la actual clase política española(¡Qué nostalgia de Felipe, Abril Martorell y demás “ucedeos”!), sino su sainete valleinclanesco de corruptelas “transversales”. No me extrañaría nada que surgiera un Berluslópez…

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