Beethoven contra la crisis

Ahora que me encuentro escribiendo sobre un posible segundo tsunami económico, que se lleve por delante los famosos brotes verdes de la huerta financiera, me viene a la mente mi abuela. No sé si será porque ha cumplido 80 años o porque, incluso en verano, echo de menos sus alubias con chorizo.

Ella, mi abuela, no se ajustaría al cliché de faraona familiar, si no fuera por su afición a jugar a la brisca o su manera de probar, sin decirlo, que las cosas ya no son como eran. Y cuánta razón tiene Lola, así se llama ella, porque ya ni siquiera los sentimientos que empapan nuestras carnes tienen el mismo aroma o la misma consistencia. Por poner un ejemplo: el miedo ya no deja el mismo regustillo en nuestra boca.
Ya no tenemos miedo al hambre o a la violencia, como los niños de la posguerra. Ni siquiera nos paralizamos por la llegada del coco o por los humos de un alborotado aquelarre de escobas. Ahora el miedo es estadístico, se viste de porcentajes e indicadores económicos. Miedo al desplome de la Bolsa, a la recesión mundial, la caída de las exportaciones o la subida del Euríbor.

Pero incluso los miedos más fríos, más meningíticos, se intentan racionalizar. Así que ahí ven a los capitanes de la disciplina económica discutiendo sobre la crisis, debatiendo sobre sus causas o filosofando sobre las estrategias de salida para parar esta sangría del dinero de los contribuyentes, que está cubriendo el agujero que otros abrieron.

Cèline dijo que filosofar es otra manera de tener miedo. Por eso les ofrezco dar la vuelta al calcetín y escuchar la Novena sinfonía de Beethoven. ¿Por qué? Supongo que si uno vive en la capital europea siempre conviene tirar del himno de la UE para levantar el espíritu. Es un clásico y, como buen lugar común, sabemos que le sobran adjetivos pero le faltan palabras certeras que nos lleven a entender “el secreto de los secretos” que encierra, como decía Wagner.
Escúchenla tan alto como le permita su querido o querida. Es entonces cuando notarán esas pulsaciones que llegan desde el hígado o cada arremetida instrumental que sacude los pulmones.
Es la misma oda que catapultó al anarquista Bakunin entre los atriles de la orquesta la primera vez que la escuchó, entusiasmado, rogando que se salvara de la quema de los muebles del viejo Régimen. La misma sinfonía que el quirúrgico Goebbles ordenó que se tocara cada 20 de abril, fecha del cumpleaños de Hitler.
Desde luego que la Novena no relanzará la economía, pero el espíritu se llenará de tantos parches revitalizadores que podrá coger fuerzas para lo que se nos viene encima.

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1 comentario

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Una respuesta a “Beethoven contra la crisis

  1. David

    Muy buen post, jorginho

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