Los dos matones del patio

El pasado domingo, el  suplemento NEGOCIOS de El País dio un buen empujón al planteamiento del que escribe, cuyos conocimientos sobre economía se basan más en la intuición que en la lectura (o relectura, como hacen los expertos) de los manuales clásicos de la disciplina. Porque más que acudir a leyes y principios, uno se fía más de lo que le llega directamente a sus ojos y sus oídos (será la enfermedad del periodista), sobre todo cuando la obviedad de la realidad echa una mano. Casos como el de este cuadro, en el que se registraban las mayores empresas del mundo por capitalización, llamaban la atención no sólo porque los 10 primeros puestos se repartieran a partes iguales entre China y EEUU, como mencionaba la autora del artículo, sino también por el perfecto equilibrio y fino reparto entre un país y otro, sucesivamente, justo hasta la frontera del 10, donde otros comensales del planeta se sumaban al banquete. Más allá de lo anecdótico de ser un redondo top ten, queda claro quienes son los dos matones del patio del colegio mundial.

En medio de un torrente de reuniones de líderes mundiales, a las que se les intenta buscar el apellido numérico adecuado (G8, G13, G20, G33…) la búsqueda de este punto G puede que sea más reducido y mucho más evidente, y quede en las manos de EEUU y China. Al destacar este G2 no es que uno quiera desempolvar la influencia de la infraestructura marxista (de hecho, prefiero al Marx del bigote y del puro). Pero, por desgracia para los románticos, el amor no es la fuerza que mueve el mundo, que más bien baila con el sonido de la calderilla.

Sin embargo, ya desde los tiempos del pequeño timonel Xiaoping, los chinos tienen sus razones para no querer sentarse en el asiento del copiloto porque, como le decían a Spiderman (y perdón por el punto friki) un gran poder implica una gran responsabilidad. Los chinos prefieren permanecer lejos de la pizarra porque saben que no están preparados para dar lecciones a nadie. Más o menos la misma frase que trajo Obama a Europa en su primera visita al Viejo continente. Más duro fue el presidente norteamericano cuando el pasado fin de semana sacó la regla de madera con los africanos, y les dijo que parte de culpa de sus miserias queda en esas manos que en otro tiempo llevaron cadenas. Por suerte, los colonialistas europeos, junto con los grilletes, también les dimos una Biblia. Pero aunque la fe mueve montañas no llena estómagos. Más útil para este propósito resultan las compañías chinas del cuadro del reportaje, con sus cuentas bancarias llenas de ceros y con la mano ligera para sacar la billetera a pasear en el continente africano.

Washington y Pekín: vemos lo que aporta cada cual, está por ver lo que ayudará más a los propios africanos. Y a los demás.

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