Los desafíos de la ‘Generación Naranjito’ en la España de 2022

(Este artículo fue publicado en El Economista el 2 de mayo de 2015)

Jorge Valero

La ‘res publica’ se ha convertido en una ‘res color’. La cosa publica, política, se tiñe de los colores no solo de los partidos, sino también de las generaciones. Y la de este post (post) joven que aquí firma es el naranja, Naranjito. Porque los que cumplimos este año la bíblica edad de los 33, vinimos con la camiseta del 82. El año en el que la democracia española llegó a la mayoría de edad con el paso de la americana de corte antiguo a la chaqueta de pana, y nos quitamos los grises de épocas pasadas con los trallazos de un Mundial también en colores.

Cumplimos la década cuando España quiso sacar pecho envalentonada como una preadolescente de falda corta, con una Expo Universal y unas Olimpiadas que dispararon el atractivo de puertas afuera, mientras la tormenta se gestaba de puertas adentro. Soplamos 20 velas el año en el que también los euros llegaron a nuestros bolsillos, dejando atrás turbulencias y ajustes, y con un futuro al que luego se llamaría “milagro español”. Pero la Gran Recesión se llevó por delante trucos y milagros, y tuvimos que recibir los 30 con el primer rescate en décadas a una economía con pies de barro. ¿Cómo será o, si se permite soñar, debería ser esta España de idas y venidas cuando lleguemos a los cuarenta? ¿Qué modelo necesitamos cuando crucemos el ecuador de nuestra vida laboral, para soportar el peso de un Estado del Bienestar al que se le acumulan las facturas?

Respuesta complicada en un país en modo a prueba de fallos, y en una Europa que lleva tiempo sin GPS. Pero entre la bruma ya se adivina un mundo más competitivo, con más gastos, menos crecimiento e, incluso, más inestable. Receta propicia para la desigualdad, que es causa y consecuencia de gran parte de los problemas. Y si Thomas Piketty ha conseguido introducir este problema en el debate, menos suerte ha corrido al buscar el calzador para la que podría ser la solución. No son esas tiritas para la hemorragia, esto es, el impuesto al capital. Es “la principal fuerza de convergencia” que el economista francés ya avisa desde las primeras páginas de su ya célebre y celebrada obra: “el proceso de difusión de los conocimientos y de inversión en la capacitación y en la formación de habilidades”.

El capital humano surge de entre los puntiagudos riesgos del Capital en el Siglo XXI para traer las soluciones. Este capital humano no sólo es el recurso más sostenible, sino también el más exigente de pulir. Por eso, desde la palestra pública y el despacho privado se pone el foco en la que es la principal herramienta para su extracción: la educación. Si algunos entornan los ojos al escuchar esta palabra a la que le han robado el brillo, Frank Friedman, CEO de Deloitte, la subraya como “el desafío” para los países desarrollados. Para el ex primer ministro de Finlandia, y hoy vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen, la educación jugará “el papel más crucial” en nuestros Estados sociales.

La educación

Si se quiere ordeñar este capital humano puede ser necesario (aunque no suficiente) la fórmula finlandesa. País de saunas y heavy metal, y también de un pacto entre los principales partidos que, hace casi medio siglo, blindaron la educación para convertirla en una cuestión de Estado. Si de esta manera los fineses han conseguido encabezar los rankings internacionales en esta materia (hasta hace poco), no sorprende que un país que cambie la ley educativa siete veces en tres décadas, recocidas bajo el sol y atrapadas bajo toneladas de ladrillos, encabece la tasa de fracaso escolar en la UE. España ha sido la ganadora en dilapidar el capital humano, y ha dejado desarmada a toda una generación que buscó un salvavidas en el extranjero cuando el tsunami financiero golpeó con toda su fuerza. Los jóvenes españoles han pasado por un sistema que está a la cola en el aprendizaje de idiomas tanto en secundaria como en la Universidad, según alerta una pila de informes y estadísticas, entre ellos Eurostat.

Si las agendas partidistas han sido incapaces hasta ahora de ver el valor estratégico de la educación, ¿por qué ser moderadamente optimista y esperar que el cambio pueda estar a la vuelta de la esquina? Porque no resulta complicado sortear el campo de minas de la ideología para llegar a los cambios que importan. En este planeta de Google y Big Data, pocos expertos discrepan al señalar que el pensamiento crítico será nuestro valor añadido frente a un mundo de máquinas. Llegar a un sistema educativo que apueste menos por el ‘cómo’ y más por el ‘por qué’, menos por la memorización y más por la argumentación y el debate. Un modelo en el que los profesores no sean la piñata de políticos, padres y alumnos sino, como en Finlandia (¡de nuevo!), una de las profesiones más respetadas (y ansiadas). Como dice Jorge Wagensberg, empezar a enseñar cuanto antes en la escuela “por higiene mental” las contradicciones de la realidad, porque son el mejor estímulo para el conocimiento.

Sólo cuando falta  este espíritu crítico se explican periodos de mediocridad como el que vivimos. Pero España no es un país de debate, sino de trincheras, y cuando hay que disparar no se avisa sino que se tira a matar. Y la primera víctima suele ser la educación, convertida ya en un coladero por el que se ha escapado casi un 10% de la inversión desde 2010.

La consecuencia de nuestros errores se conoce. Nuestro país lleva tiempo luciendo no  sólo una preocupante tasa de desempleo juvenil, tan solo superada por Grecia, la ‘zona cero’ de la crisis. Más aún, gran parte de los jóvenes que consiguen firmar un contrato aceptan trabajos precarios, hasta tal punto que encabezamos la tasa de empleos temporales en la UE. Con tal trayectoria, no sorprende que solo Croacia nos gane en la tasa de parados de larga duración entre los que tienen 25 y 29 años.

Empoderamiento, compromiso y emprendimiento

Pero la creación de este capital humano no se queda solo en una puesta a punto de las aulas. A la educación se le suma una sopa de letras repleta de ‘e’: empoderamiento, compromiso (engagement) y emprendimiento.

El empoderamiento es un concepto escurridizo, pero no lo suficiente para que escape al radar de la Comisión Europea. Para el grupo de expertos del Ejecutivo comunitario, el empoderamiento de los individuos es uno de los seis desafíos cruciales de las próximas dos décadas. El empoderamiento es un árbol frondoso que abarca desde sistemas de salud de calidad  hasta una gobernanza exigente, o una política económica que “active” a los individuos, y cuyo tronco es de nuevo, y como advierte la ONU, la educación.

Si  su fin último es mejorar las oportunidades para que todo el mundo tenga un “fair shot” para mejorar su vida, que diría el presidente Barack Obama, estas posibilidades aumentan con la aceleración digital. En esta nueva frontera, que muta y crece exponencialmente casi cada año, internet y la tecnología ha reescrito nuestras relaciones sociales y nuestra participación política, convirtiéndose en herramientas para perfilar nuestras capacidades.

Y de nuevo, es el pensamiento crítico el que puede transformar el torrente de los social media y los ‘terabytes’ de información en compromiso (engagement), y evitar así que “el mero flujo de información se convierte en abrumador y lleva al debilitamiento y la manipulación”, como advierte la organización Rand, que participó en la investigación de la Comisión.

De este potaje de empoderamiento y compromiso pueden surgir individuos e instituciones más emprendedoras. Es otra palabra con las costuras tan dadas de sí que apenas se reconoce,  pero que simplemente apunta a nuestra capacidad de hacer más con menos, e innovar en un mundo que respira escasez e incertidumbre. No sólo salir de la zona de confort, sino también pensar fuera de lo común (‘think out of the box’).

Pero el encasquillamiento de nuestro sistema alarga sus tentáculos hasta todos los rincones, y también se manifiesta en una cultura nacional que tira piedras contra el emprendimiento. Si en Estados Unidos los fallos en las aventuras profesionales se muestran como muescas de orgullo en el revólver, en Europa, y sobre todo en España, un fallo se identifica con el fracaso, y se compadece al que tiene “tantos pájaros en la cabeza”.

Es el mismo espíritu sin alas que reina y gobierna en la capa institucional, donde la falta de innovación social deja huecos por los que se cuela la queja y la desesperación de los ciudadanos. La propia Ley de Emprendedores es un ejemplo. Casi la mitad de los encuestados de un estudio de la consultora RMG y Asociados el pasado año echaba en falta más ambición en la ley, mientras que eran más los que decían que realmente no aporta valor que los que consideraban lo contrario. Años luz de la garra, y los resultados, de iniciativas como la de Chile, donde otorgaron, además de un permiso de residencia por un año, becas de 34.000 dólares a los talentos que quisieran desarrollar su negocio en el país. Los 2.000 elegidos  consiguieron posteriormente atraer unos 50.000 dólares de media para sus proyectos.

Estímulo

Y como no hay cuatro sin cinco, la quinta “e”, sería el estímulo. La I+D es la mejor manera de estimular la productividad. Sin embargo, el estímulo no se limita a la innovación endógena, sino también a la atracción de talento extranjero. Si en el caso de la innovación somos víctimas de nuestra torpeza, en el segundo caso somos prisioneros de la falta de visión europea.

Continuamos en el furgón de cola en inversión en I+D, y cayendo, mientras sufrimos la falta de una política migratoria común europea, que no sólo combata de manera efectiva los flujos irregulares, sino que sobre todo canalice el talento que necesita una Europa que envejece a pasos agigantados.

Con semejante lista de faltas y agravios, la factura puede subir hasta provocar sudores fríos a los que temen la llegada de un Estado torpe y entrometido, hormonado con los impuestos de todos. Pero el vehículo para llegar a esta España de 2022 no tiene que contar con alerones y el último equipo de sonido, sino con un motor potente y una carrocería firme. Es decir, sobrarán diputaciones, televisiones regionales y terminales vacías, entre otras muchas cosas. Pero necesitará reforzar esas las cinco ‘e’ para construir un Estado en el que verdaderamente, como subraya Piketty, el saber sea “el bien público por excelencia”. Un saber protegido en el presente por un sistema de sanidad público excelente, y en el futuro por un robusto esquema de pensiones.

Un sistema que no necesariamente gasta más, sino que gasta mejor, y en el que el apoyo público no genera dependencia sino incentivos para activar a sus trabajadores cuando se queden descolgados.

Más cohesión

Con la máquina engrasada, este motor público que impulse el capital humano tiene además margen para añadir revoluciones. Con un sector público un 6% inferior a la media europea (además de una presión fiscal nueve puntos inferior a la de nuestros vecinos), podríamos destinar unos 6.000 millones de euros adicionales al año para conseguir que nuestras Universidades públicas compitieran en la Champions League. Se conseguiría crear polos de innovación en torno a sectores estratégicos llamados a ser los protagonistas del mañana, y en los que hoy pasamos el examen con nota. Y seríamos más ambiciosos no sólo para apoyar los que tienen una idea en casa, sino también para atraer a los que les pueden ayudar con su talento desde fuera.

La España de 2022 tendrá un crecimiento más anémico, un sistema de protección social más débil, y una productividad más baja, a menos que no se dé un volantazo. Nuestro modelo económico “low cost”, perfilado con los tijeretazos de la crisis, va camino de echar raíces en el terreno peninsular. Y aunque puede que traiga algún reflejo de prosperidad por el camino, sólo se podrá celebrar con la boca pequeña, con una productividad apoyada en investigadores ‘mileuristas’, y unas instituciones que miran hacia otro lado cuando se les deja a las familias sin su vivienda.

Aunque el mundo de las ideas tiene mal aterrizaje en el barrizal de la política, algunos creen que la oportunidad existe cuando se apuesta por una “generosidad de corazón, de espíritu, de imaginación, de visión”, como dice el profesor de Harvard y ex líder del los liberales de Canadá, Michael Ignatieff.  No sólo implica “ayudar sin tener el cuenta el coste y compartir los riesgos”, sino también “imaginar juntos que podríamos ser mejores de lo que somos”. Una generosidad que no es patrimonio de píos o utópicos, sino también parte del código genético de la amplia familia liberal. Porque la libertad no sólo en negativo, sino sobre todo en positivo no podrá respirar allí donde no exista igualdad de oportunidades. Y a esta liberté y egalité también seguirá la fraternité que, sin el barniz revolucionario, es la cohesión social, la clave de bóveda para un sistema en el que a los pioneros no se les impide crecer, pero nadie se queda detrás.

Para tener las respuestas en esa España de 2022, debemos empezar por hacer las preguntas apropiadas hoy. Se necesitará una generación de líderes que sean arquitectos, y no sólo fontaneros que piensen que la política es desatascar las cañerías de nuestra convivencia. Nosotros que nutrimos esta generación ‘Naranjito’ tenemos claro de dónde venimos, lo que ya es el primer paso para saber a dónde queremos llegar.

¿Un modelo que funciona? 

Son numerosos los países que han probado que, sin tener ningún recurso natural con el que crecer, e incluso rodeados de un entorno políticamente adverso, han logrado prosperar aprovechando el único material con el que contaban: su población. Este capital humano ha sido clave para el desarrollo de Singapur, Corea del Sur, Israel o Taiwán. La falta de libertades en unos, o la torpeza diplomática en otros, lleva a pesar que siempre aparece algún nubarrón en el horizonte. Sin embargo, el caso de Finlandia sigue ofreciendo respuestas. No sólo porque el país es un ejemplo de gobernanza, sino también porque está aprovechando el parón económico que atraviesa para reinventarse, como bien ilustra la transformación y poderoso regreso a la primera línea de su joya de la corona: Nokia. Como comentó a este corresponsal Tommi Uitto, vice-presidente para Europa Occidental, y responsable de redes, su principal negocio en la actualidad, “trajimos el espíritu de las incubadoras para adaptarnos mejor”. Cambiar para crecer, crecer y cambiar.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

La otra manera

Se ha convertido en una de las expresiones más populares en este año que cerramos. “Ésta es la única manera” han repetido con éstas, o palabras similares, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la canciller Angela Merkel, y otros tantos sospechosos habituales de la jerarquía europea al justificar el jarabe de palo contra la dura recesión económica.

Cerramos el año, y nos preparamos para recibir un 2014 en el que poco  (o nada) mejorarán las cosas, con la política reducida a la aplicación de modelos simples a problemas demasiado complejos. Las acciones de nuestros dirigentes, que no líderes, han quedado rodeadas de un halo de inevitabilidad que les exculpa de toda responsabilidad, y deja a los ciudadanos como resignados mártires sin animo para esperar lo mejor, ni energía para prepararse para lo peor.

Es lo que el catedrático de Economía política de Harvard, Dani Rodrik, explica con la metáfora de los erizos y los zorros.  Los primeros tienen una idea central y ven el mundo exclusivamente  a través del prisma de esa idea. Existe una sola respuesta verdadera que encaja en todo momento y en toda circunstancia. Por el contrario, los zorros sienten que la complejidad del mundo impide las generalizaciones, creen que los detalles son vitales.

Gran parte de los males hoy en Europa, con sus secuelas económicas, políticas y sociales, se deben a que estamos gobernados por erizos. La salida de la crisis en el Viejo Continente ha estado dirigida bajo la premisa central de que la aplicación escrupulosa de medidas de ajuste, privatizaciones y reformas liberalizadores recuperaría la confianza de los inversores, los famosos “mercados”. Nada nuevo bajo el sol, ya que es la fórmula bien conocida del FMI, aplicada al dedillo en Grecia, Irlanda y Portugal, y que ya fracasó estrepitosamente previamente en Latinoamérica y en el sudeste asiático. A pesar de ello, algunos portavoces del pensamiento económico único, como el alemán Klaus Regling, director del Mecanismo de Estabilidad Europeo, no sólo dicen que ésta es la receta “imprescindible” para salir de la recesión, sino que se apuntan la pujanza actual del Cono Sur y el sudeste asiático a cuenta de sus miopes intervenciones pasadas.

Y así los que están al timón gastan su tiempo reescribiendo el pasado con malabarismos dialécticos, y buscando casos de éxito para apuntalar su narrativa monolítica presente, con la que explican las medidas tomadas y la estrategia de crecimiento para el año que viene. Y lo que nos espera es más de lo mismo: ajustes, o en la jerga institucional “disciplina fiscal”, y liberalización de sectores, privatizaciones y más flexibilidad laboral, es decir, las famosas reformas estructurales.

El problema es que nadie se cree que esta receta funcionó en el pasado; los casos de éxito que se apuntan hoy, como Irlanda y España por haber concluido sus programas de rescate, tienen más sombras que luces; y Europa encara un periodo largo de bajo crecimiento, o incluso un estancamiento a la japonesa.

Pero existe otra manera. Existe otro camino para rescatar a los países, para encarar la recesión, y para relanzar el crecimiento en la UE. Prestigiosos laboratorios de ideas como Bruegel, o dirigentes de países “periféricos”, como el italiano Enrico Letta defienden una agenda diferente, con una apuesta por el crecimiento digna de tal nombre que no se limite a conclusiones huecas de cumbres europeas.

Gran parte de lo que pase de aquí a Mayo de 2014, cuando se celebren las elecciones europeas, acontecimiento central del próximo año, tendrá que ver con este choque de narrativas entre los erizos y los zorros europeos. Un enfrentamiento entre los dominantes talibanes de la austeridad y los que defienden otra estrategia. Es decir, que la moderación fiscal debe de ir acompañada de una reforma (que no recorte) el Estado del Bienestar para potenciar el capital humano europeo, nuestro recurso más valioso, en un mundo que ya no espera a nadie.

El año que dejamos atrás prueba que, precisamente aquellos que dejaron huella, son los que dieron un paso al frente para probar que hay otra manera de hacer las cosas. Las revelaciones de Edward Snowden han obligado a la superpotencia estadounidense a replantearse cómo ejerce el papel de sheriff mundial. El presidente de Uruguay, Enrique Mújica, convirtió a su país en el primer Estado en legalizar y controlar el cultivo, comercialización y consumo de marihuana. El país, encumbrado hasta lo más alto por el semanario The Economist, ha abierto así la puerta a una nueva manera de encarar el problema de las drogas en el planeta, tras décadas de una estrategia fallida que trataba un problema de salud pública con represión y armas, violencia y muerte.

Por último, el Papa Francisco se ha convertido para un gran número de medios de todo el mundo, como la revista Time, en el personaje del año. Sus palabras y sus primeras medidas han ventilado la institución más conservadora y dogmática de Occidente, bunkerizada en los últimos años por la pila de escándalos que roían sus pilares. Su liderazgo transformador además sugiere que cambios más profundos están por llegar en esta Iglesia de los pobres que defiende.

En el año que estamos a punto de estrenar Europa será terreno de enfrentamiento entre aquellos para quienes la política es simple trasmisión decisiones ya tomadas, y los que son conscientes que tomar decisiones políticas implica consensuar soluciones optimas, con medios escasos, en un entorno lleno de incertidumbre. Será un año rácano en celebraciones, pero el 2013 nos ha dejado un legado esperanzador: el tributo llega para los que lo intentan de otra manera. Feliz año a todos.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Descorche

Recorrer casi 4.000 kilómetros por las carreteras de Kenia y Tanzania en tres semanas, corazón de todo lo que hemos mamado desde pequeños del gran continente africano, sus bestias y la sabana, el Kilimanjaro o el lago Victoria, la descarada pobreza pero también la apabullante alegría, produce embotellamiento mental. La borrachera de gestos y conversaciones es tal que uno necesita descorchar la mente a tiempo para oxigenar el pensamiento. La mezcla de impresiones contradictorias, de poderosos sentimientos tan pegados a esa tierra, requiere que uno deje envejecer las historias y detalles para distinguir todos sus matices, antes de intentar que toda esa avalancha de mementos pasen por el aro del teclado.

Pero también es cierto que la necesidad presiona para poner letra a esa confusa música que emerge desde las entrañas y el recuerdo.  Así que nada mejor que recurrir a esas escenas de los Wolfe y los Mailer, tan concretas y a la vez tan densas, tan mundanas y a la vez tan profundas, para empezar a domar en unos cuantos trazos ese gran mosaico que intenta volver a su estado salvaje.

Pistoleros. Son parte de la fauna urbana y del mobiliario rural. Somnolientos, sonrientes, chulos como estrellas adolescentes y a veces enjutos como poetas sin musa. Visten el uniforme de las compañías de seguridad, con las que protegen con oxidada escopeta en mano, las sucursales y cajeros, o las casas de cambio de moneda en Nairobi o Dar es Salaam. A veces presumen del uniforme de la policía o del Ejercito, con más orgullo que paga, mientras te paran en un remoto control sin una sombra en la que cobijarse. En otras ocasiones son simplemente pastores con una larga vara de madera para controlar las raquíticas cabras y el kalashnikov para espantar a los molestos bandidos.

Rafael era un poco de esto y de aquello. “Voluntario” a la fuerza de la Policía, también pastor, sonriente y aguerrido, protege en Lokitchar, en la entrada a la región de Turkana, a su gente y vecinos de los robos y ataques de los Pokot. Las emboscadas a punta de rifle son frecuentes en la única y destartalada carretera que une la región con el resto de Kenia, sorprendiendo no solo a pastores sino también a los escasos coches que transitan por la pista. Por eso, tras darle algunos billetes, Rafael nos acompaña para dar, literalmente, fuego de cobertura, en caso de ser necesario.

Cuenta nuestro nuevo pasajero que el día anterior los Pokot asaltaron dos camiones, lo que da una idea de su voracidad para detener un vehículo de tal tamaño. Pero desde los asientos de atrás el comentario pierde dramatismo, e incluso sólo gana interés cuando vemos que Joseph, nuestro conductor, se recoloca en su asiento, mientras Raphael se saca el Kalashnikov de entre las piernas, para cargarlo y asomarlo por la ventanilla. “Esa persona que acabamos de cruzarnos era seguramente un ojeador, que dará la señal a sus compañeros escondidos en alguna parte unos metros más allá”, nos traduce Joseph  del swahili lo que acaba de señalar Rafael, apuntando a un sospechoso personaje solitario que malactuaba una torpe borrachera para abalanzarse sobre vehículo y espiar su interior. Rafael limpia algo el cañón del arma, las miradas se afinan en ambos márgenes de la carretera, Joseph coge firme el volante, y nosotros nos dedicamos a esconder portátil, lentes de la cámara, pasaportes, tarjetas y gran parte del dinero por todos los rincones que uno se puede imaginar en el interior de un coche, dejando solo “pret-a-robar” algo de cash en una cartera totalmente desinflada.

Esperamos  al grupo de Pokots escondidos con más curiosidad que nerviosismo. Al final nuestra carga resulta poco atractiva, o Rafael suficientemente disuasivo, para los ladrones. Así que nos quedamos sin asalto pero con una buena serie de fotos del “voluntario” para recordar el momento.

Bebedores. Pocas cosas están tan vinculadas como el alcohol al hombre y su pasado, como especie y como sujeto. Por eso, en esa zona del planeta, donde seguramente el mono empezó a ser y sentir como un humano por primera vez, las bebidas están tan presentes como los mosquitos. Puede ser una de las cervezas tanzanas de sorprendente calidad como Safari, Serengeti o Kilimanjaro, o la keniata Tusker. O el primer vino, con algo de calidad y cuidado, que se empieza a producir en la zona más áspera de Tanzania, en los alrededores de Dodoma. Allí Dmitri, un griego espigado y dinámico, que llegó hace cuatro años al país, usa sus artes enológicas para producir un vino más que digno que probamos con indisimulado gusto.

Dimitri se mueve entre los tinos de acero inoxidable con la misma fluidez con la que da órdenes en swahili a los empleados de la bodega, algo despistados en plena faena de la segunda cosecha del año (¡!).  Probamos de uno y otro lado, de caldos en plena fermentación, y de otro vino listo para ser embotellado, con la sonrisa cada vez más ligera con cada trago que damos. Nuestro conductor mete el vaso una y otra vez, hasta que Dmitri le llama al orden más preocupado por nuestro regreso que por el vino que le puede quedar. “A los tanzanos les gusta mucho beber. A veces tenemos problemas con los trabajadores de la bodega por la facilidad que tienen para acceder al alcohol mientras trabajan”, confiesa Gabriella, comercial en la bodega. Una realidad de la que ya habíamos dado buena cuenta por la mañana, cuando el “alcalde” de la villa de Chololo, Michael Jonas, nos enseño sus tres cubos con 20 litros cada uno de Skadi, el brebaje alcohólico con cierta apariencia lechosa que prepara con mijo en grano para animar las tardes de domingo de los vecinos. Sabor (y efectos en el estómago) muy diferentes del vino de Dmitri. Y más aún del “Samaki-boom”, el Jagermeister con Red Bull que nos pondrá sobre la mesa Carlos horas después, ya de noche. 

Este gallego, un buscavidas a.k.a emprendedor, tiene una biografía tan peculiar como su apariencia a medio camino entre rastafari, masai y cantante de Socidedad Alkoholika. Se presenta en su nuevo restaurante, de los tres que tiene en Dar es Salaam, rodeado de toda su troupe, recordándome a esa descripción que escribió Talese sobre las migraciones entre tugurios que hacía Sinatra con toda su cohorte de funcionarios de la noche. A Carlos parece asfixiarle la falta de tiempo tanto para hacer planes (solo pienso en abrir en Nueva York) como para enseñar la frondosa decoración  de su última tasca, como le gusta llamarla. Nos subimos para coger aire a lo más alto de la torre donde tiene su “Samaki Samaki”, y así dar unas caladas, terminar las cervezas y planear el próximo antro en el que seguir estirando la noche de la capital no oficial del país. Es martes por la noche y la ciudad no se agita ni respira. Promete que la próxima parada no defraudará. Y no lo hace.

 Músicos. No hace falta pisar el continente para saber que África tiene una especial vinculación con la música. Y no hizo tampoco que pasara muchos kilómetros en nuestro road trip hacia el Norte antes de que nos diéramos cuenta. En Nakuru se amontonan más de una docena de iglesias de todos los credos y confesiones,  algunas prometiendo milagros en chillonas letras de colores ya desde sus muros. Con  gesto prudente, pero voluntad decidida, entramos en una de estas casas desonchadas de piso bajo. A la puerta nos recibe una nube de niños sonrientes. En el interior, con la misa ya empezada, nos sentamos en el último banco, provocando una armónica ola de cuellos girados entre el medio centenar de personas que asisten a la celebración. El servicio se alarga, más aún porque el pastor ha tenido la gran deferencia de ordenar a su asistente que traduzca al inglés “porque tenemos invitados”. Tras varios salmos cantados y la lectura de la Biblia llega la bendición de unos instrumentos. Algo común.

Varios cientos de kilómetros más al Norte, las mujeres turkanas no necesitan ningún aparato para cantar y danzar, tan solo sus cuerdas vocales, que se transforman y se amoldan a su baile para provocar una fiesta a su alrededor. Pintadas como las grandes ocasiones ordenan, algunas con la piel marcada por ser hermanas o mujeres de grandes guerreros, saltan y se agitan con un ritmo tan contagioso que hasta las autoridades que han acudido a la inauguración de un nuevo centro sanitario en una inhóspita zona piden, como en un inolvidable concierto, un bis tras otro.

La música es un virus especialmente contagioso entre estas personas. Salta de boca en boca, pasándose de uno a otro en forma de una vieja melodía o de un estribillo de góspel, atronando a veces desde uno de los incontables bares de Nairobi que mantienen en vela a la ciudad con sus pesados bajos y pegadizos ritmos, o haciéndose de cuerpo presente en forma de enorme bafle en una de las cantinas que  rodean las carreteras tanzanas.

Durante el Eid al-Fitr, la festividad del final del Ramadán, la percusión y las canciones se extienden entre los callejones de Stone Town, en Zanzibar, como un concupiscente espíritu liberado. Los grupos de jóvenes, vestidos de blanco purificado, cantan y  marchan como en una charanga camino de no se sabe donde. Solo importa que tras  un paso venga el siguiente, y que la mano no deje de golpear con alegría la percusión. Así ha sido siempre y así seguirá siendo.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Límites y oportunidades

Una pregunta que se queda en la cartuchera es como una molesta piedrecita oculta en un zapato. En esta ocasión, el interrogante lo vi brillar como un intermitente neón en la frente de Christopher. Por eso, y por primera vez desde que me enredé en el mundo del papeloide, dejé que fuera la víctima de este impertinente periodista el que hiciera la pregunta final y disparara a quemarropa. Al fin y al cabo, este buscavidas de Turkana, la región mas remota y marginada de Kenia, me había dejado boquiabierto contándome, en un perfecto inglés, su business plan.

La mirada desafiante de Christopher era la misma incisiva atención con la que observaba la treintena de mujeres sentadas, disciplinadamente, unos metros mas allá, esperando su turno en un puesto avanzado para un chequeo sanitario básico, rumiando quizá en sus cabezas semiafeitadas cómo ese nuevo cuento de la planificación familiar que les contaban unos voluntarios afectaría a sus vidas ya lo suficientemente achuchadas. Frente a ellas, los hombres miraban pasar el tiempo y las adversidades sin decir palabra, sin ganas de nada. En Turkana, árida y dispersa, se cuentan tantos problemas como cabezas de ganado. La  constante sequía, los ataques de todos los pueblos vecinos, la desidia de su Gobierno central e incluso la miopía en ocasiones de la cooperación internacional, ha dejado a este pueblo en manos de una antipática fortuna, la ayuda internacional y la promesa futura de los ingresos del recién descubierto petróleo. Aquí la vida no deja espacio para la enmienda, ya seas pastor, los más, o pescador, los menos. Así que uno puede tener muchas quejas, dudas o interrogantes. Christopher tenía claro el suyo, que llegó por el flanco inesperado. “Qué haces en África?”

Empezaré la película por el final, los agradecimientos. Porque ahora que esa experiencia ya coge el espesor y los colores del recuerdo, vista desde Tanzania, solo puedo estar plenamente satisfecho con la generosidad de los keniatas durante estos intensos días en los que hemos recorrido el país de Norte a Sur, y vuelta.

La primera de las medallas va para Joseph. Durante el viaje de Nairobi a Turkana, y en aquella tierra apartada prioridades, desmenuzamos en interminables horas de conversación anécdotas políticas de su país, el paisaje o cualquier otra historia que le provocara su tono chillón con el que anticipaba una sonora carcajada. Joseph tiene un conocimiento enciclopédico que desborda su profesión y su corta estatura.

No sería la primera vez que las apariencias flirtearan con el engaño. Con Michael, con su camisa atigretada y su pinta descuidada, y la fondona y sonriente Pauline, la humildad fue el mejor de los camuflajes. Mientras dábamos buena cuenta de la comida a la que insistieron en invitarnos, estuvimos hablando de la fracasada factoría de procesamiento de pescado que el mismo dirigió en Turkana, y parte central del reportaje. Días después me contarían que este hombre, con una peculiar manera de hablar, pudo llegar a ser ministro, cuestionó la mediocridad de su sistema político y el presidente del país le ofreció estudios en el extranjero para no agitar el avispero nacional.

Fue Mzee, uno de los cabezas visibles de la comunidad de pescadores del lago Turkana, quien me contó la peripecia vital de Michael. También este pescador, con marcado perfil quijotesco con el color del carbón, se había convertido en la cabeza visible para los pescadores del lago.  Mientras veíamos descargar las capturas de las playas vecinas de esta zona patrimonio de la Humanidad, Mzee se movía entre pensamientos oscuros por la caída de las capturas de Tulipas o percas del Nilo, a causa de la presa construida en Etiopia, y su carácter optimista, anclado en el nuevo camión para trasladar el pescado, cortesía del Tío Sam, o la promesa de relanzar la planta de pescado.

Cuando la supervivencia se paga como un articulo de lujo, la vida en un campo de refugiados aparece como un privilegio. Por eso, no son pocos los enfrentamientos y tensiones que ha habido entre los Turkanas y los 150.000 refugiados que viven en el campo de Kakuma, como nos contó la hermana Marie-Anne. Esta religiosa no dudó en dejar en la estacada a la delegación de la UE y otras ONG y autoridades locales, para acompañarnos a pedir el coche al director del campo, Mr Ali, y así entrar en el vasto recinto saltándonos todo el papeleo del ACNUR. Allí vimos como el emprendimiento, que abanderan sobre todo los refugiados somalíes, se abre paso incluso cuando lo único que te dan cada día es algo maíz, arroz, alubias y aceite. Nos dijo Marie-Anne que ella venía al campo ya en 2005 para conectarse a Internet, porque tenían la mejor conexión de toda la zona, mejor incluso que en la propia Kakuma.

Ese carácter emprendedor es el mismo que llevan en la piel los keniatas, que dejan escapar con la misma frecuencia con la que les gusta hablar de la política nacional. Como hizo John, el responsable de seguridad de la torre KBC mientras nos enseñó el perfil nocturno de Nairobi desde el helipuerto, fuera de la hora de visitas. Pisos más abajo se reúnen los senadores del país. Allí arriba, lejos de mosquitos y también de Turkana, la capital se desborda en la oscuridad, con la misma imprecisión con la que John intenta prever lo que tiene por delante. Limites y oportunidades, las mismas reglas de juego entre las que se mueve Alfa, el joven turkanés, recién llegado de Sudan de Sur donde trabajó como conductor para la ONU, Peter o Steve, los taxistas que apenas han salido de la capital, o las cuatro jóvenes que conocimos en el centro de alto rendimiento para los atletas, y que estaban a la espera de viajar el próximo año a Harvard con una beca de Atletismo.

Son más las preguntas que las respuestas, y en Turkana más los problemas que las soluciones. A pesar de ello, Christopher solo quiere saber por que he decidido venir a Turkana. “Qué te interesa de nosotros?”, me pregunta con una jugetona curiosidad.

Le doy un adelanto del artículo que ya empieza a coger forma en mi cabeza. Los demás, imagino, tendrán que esperar al numero  de Rolling Stone de octubre.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

How long must we sing this song?

This is the small comment my friend (and correspondent) Evangelos Aretaios, told me to write for Politis Daily, a cypriot newspaper:

These last days have been the clearest evidence that for some time the euro crisis has been fostered not by the economic downturn but the decisions taken to face it. Our leaders have acted not as firefighters but pyromaniacs. And when the fire goes out of control, as we have seen before and after the Cypriot parliament rejected the terms of the bail out, the blame game is the only way to follow for our leaders.

Was it worth it to put a whole country, the Eurozone and even the global recovery at stake for 5.8 billion euros? A lot could be said, but the reaction of a still heated Wolfgang Schauble after the vote illustrates the bottom line of the problem. The Eurozone “won’t rescue a business model that has failed”, he said. Sure, the German Finance minister was referring to the oversized Cypriot banking sector and its questionable ties with Russia. But he forgot about the unfair decision imposed on the Cypriot small savers such as pensioners, the risk of contagion to an already flagellated Southern Europe, the damaging impact on the coming banking union, the shameful “corralito” and the privilege space given to the “Russian savior”. Once again, Berlin was trying to solve one problem creating a much bigger one. 333 million citizens have paid for too long the huge cost of the German misguided lectures. How long must we sing this song?

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Generación 3.0

Aquellos que, como el que firma, soplamos las velas de nuestro 30 cumpleaños en 2012, salimos al mundo vestidos de Naranjito en un país que ya se colgaba la etiqueta de solida democracia. Cumplimos la década sin entender cómo Cobi y Curro eran los abanderados de nuestra tardía, y extravagante, apertura al mundo. Y, sacando pecho como ese primo de brazos musculados con camiseta de licra, llegamos a la Universidad conscientes de que España se había convertido en el milagro, y la envidia, de Europa. Pero ahora que entramos en los 30, el primo de Zumosol se ha convertido en prima de riesgo, Curro, Cobi y Naranjito envejecen mal en el fondo del armario, y el espejismo del milagro se ha transformado en una angustiosa pesadilla que nos ha puesto a la vanguardia de una generación que quieren llamar perdida.

Buscamos las respuestas, pero nos dicen que no es tiempo para preguntas, solo para apagar las llamas. Sin embargo, nuestros dirigentes no son bomberos, sino pirómanos. Y aunque la política fuera el arte de solucionar los problemas, ellos no parecen los mejores fontaneros. Pero la Política, la que nos gustaría entender con mayúsculas, es algo más que desatascar las cañerías de la sociedad. Se necesitan arquitectos, incluso ahora rodeados por el fuego, porque se trata de hacer posible lo deseable. Por eso, este Gobierno (y la oposición) no tienen un problema de comunicación, de cómo nos venden su mensaje, sino un problema de visión, de adónde nos quieren llevar. Nosotros que cumplimos los 30, tenemos muy claro de dónde venimos, lo que ya es el primer paso para saber a dónde queremos llegar.

4 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

Redescubriendo Europa

Los cumpleaños suelen ser una buena ocasión para echar la mirada atrás, hacer balance, y quizás lamentar las oportunidades perdidas. Y también para pensar en el futuro, con algo de optimismo, para ver cómo recuperarlas. Mañana Europa, o más bien la UE, su carcasa institucional, está de aniversario. Son 62 años a los que la Unión llega con una sensación de ahogo y desorientación que, como con aquellas personas prematuramente envejecidas, lleva pensar que los buenos años quedan más por detrás que por delante.
Europa transita este 2012 crucial, en el que EEUU y China, las dos primeras potencias mundiales, cambian de dirigentes, empeñada en cumplir la profecía maya. Aunque el mundo no vaya a terminar, los líderes europeos se emplean con tozudez animal en dar pasos hacia una implosión controlada, y destruir en pocos meses lo que ha costado décadas construir.
No cabe duda, o al menos para el que firma, de que lo que empezó como una crisis financiera en 2007 en EEUU, derivó en una crisis económica en 2009, y se extendió a las cuentas públicas en 2010, ha terminado en una crisis de naturaleza diferente. En Europa seguimos en crisis, pero es una crisis política, con consecuencias económicas, sí, pero ahora de origen político.
Una recesión de liderazgo europeo antes que de indicadores económicos, que ya mostraba síntomas antes de la llegada del batacazo, pero que se ha desarrollado totalmente con la explosión financiera. Nuestros dirigentes se equivocaron primero, y sobre todo, en el ritmo de la salida de la crisis. Continuaron errando el tiro en la manera de transitar este camino (austeridad, austeridad, austeridad). Siguieron no estando a la altura al no dar los pasos que no sólo servirían para salir de esta Gran Recesión, sino para evitar futuras (“no malgastes una crisis”): BCE orientado al empleo, creación de Tesoro Europeo y robusto Fondo Monetario Europeo. Y, lo más sangrante, es que continúan con el pie en la zanja creyendo, como disciplinados feligreses, que la santa tijera traerá una confianza que ni está ni se espera.
En lugar de buscar las soluciones que nos saquen del agujero, empeñados en seguir el manual del mal líder, el sanedrín europeo pasa la mitad del tiempo intentando entender los errores del pasado y la otra mitad buscando el chivo expiatorio en el que volcar su incompetencia: la inmigración, Estados hiperhinchados,… Y mientras ellos pierden el tiempo, los partidos más radicales y xenófobos ganan espacio cada vez que los europeos acuden a las urnas en los diferentes países, el último caso en Grecia.
Como me decía uno de mis profesores en Georgetown (y colaborador en la campaña de Mitt Romney): “Europa se parece cada vez más a esa tía vieja, sentada en la esquina de la mesa, que a todo el mundo molesta, y que nadie quiere escuchar”. Nosotros nos hundimos mientras vemos cómo EEUU continúa saliendo de la crisis, con un plan para su futuro que pasa por el Pacífico y no por el Atlántico; China camina firme a ser la primera potencia en menos de dos décadas, momento en el que Latinoamérica ya tendrá una clase media del tamaño de la Europa de hoy.
¿Por qué? ¿¿Por qué?? Precisamente porque la clase política, en Bruselas y en las capitales, se ha olvidado de la razón por la que la UE sopla velas, de por qué estamos luchando. El 9 de mayo de 1950, Robert Schuman dijo aquello de que “Europa no se haría de una vez…sino que se construiría a través de logros concretos que crearan una solidaridad de facto”. El “qué” era una Europa unida, el “cómo” esta solidaridad de facto, y el “por qué” era para la paz y, sobre todo hoy, el bienestar.
En un momento en el que los políticos europeos buscan la narrativa que oriente su penduleo sin sentido en el erial de la crisis, el discurso que dé esperanza a sus ciudadanos, deberían acudir a este “por qué”, y a este “cómo”, para mantener el “qué”: la unidad europea
¿Cómo es este bienestar? Primero inclusivo, entre iguales, que crece no sólo entre todos los ciudadanos de cada país, sino también entre todas las naciones del continente. Así sucedió con los países del Sur de Europa, luego con los del Este y ahora, en plena resaca de la Primavera Árabe, debe lograrse con los países de nuestra vecindad mediterránea.
Un bienestar que, para crecer, debe ser sostenible. Para ello, el músculo estatal se debía haber tonificado ya antes de la crisis, porque los desafíos estratégicos estaban ahí (envejecimiento de la población, dependencia energética). No sucedió así, y con la llegada de la Gran Recesión, el bienestar se ha convertido en privilegio, lo inclusivo en exclusivo y excluyente, y lo sostenible en simple y puro recorte. Pero la sostenibilidad no es austeridad, porque no sólo implica sacar la tijera para cortar la grasa del pasado, sino que también requiere invertir para el crecimiento del futuro (educación, energías verdes, I+D). ¿O como podemos esperar sino que nuestros hijos vivan mejor que nosotros?
Y este bienestar es, ante todo, solidario, porque vive y respira a través de todos nosotros, y se sustenta en nuestra participación política y económica. Se trata no sólo de que el poder, sino también la economía sea del ciudadano, para el ciudadano y por el ciudadano. Porque antes que el capital se requieren las personas, el conocimiento, para que la prosperidad crezca.
Estos días en los que parte de Europa mira a Francia en busca de esperanza, debería recuperar la memoria de Schuman, tan francés y tan inspirado por los ideales revolucionarios. Tras los dos horrores de las Guerras Mundiales, los “padres de Europa” quisieron proteger la libertad. Sabían también que para que fuera real, y no pura entelequia, debía existir igualdad de oportunidades. Una pirámide que completarían con la cohesión social, vista como resultado pero también como medio (fraternidad).
Sólo así mantendremos sostenible este bienestar que llevamos más de medio siglo construyendo en la UE, y viva la idea de Europa en un mundo que ya no da segundas oportunidades.

2 comentarios

Archivado bajo Uncategorized